La expulsión de lo distinto: Voces, cuerpos y miradas

Reflexiones, desde Byung Chul Han, sobre el efecto de lo digital en la relación con lo ajeno

Lo distinto es parte necesaria de la constitución del ser-desde-el-otro. Lo contrario también. Lo enigmático ni se diga. En fin, esa pesadez no familiar, no homogénea y ajena a nosotros es parte importante en la conformación de nuestra persona en función del otro. Sin embargo, con la era digital ya inmiscuida en la cotidianidad, esta forma de habitar y experimentar la realidad está difuminándose, expulsada por una lógica que exalta al ser-sin-el-otro en términos narcicistas e individuales.

El filósofo surcoreano Byung Chul Han lo explica de modo claro desde tres dimensiones: el objeto, la voz y la mirada. Empecemos por orden. Según él, el objeto es ante todo algo contrario que se vuelve contra la persona, que se le arroja, la contradice y es reacio y ofrece resistencia. No obstante, el terreno digital lo ha expulsado poco a poco quitándole su pesadez y diferencia: los objetos, los cuerpos y los materiales que funcionaban como contrapesos, ahora los hemos transformado en bits, esto es, en un lenguaje homogéneo o un sistema de dígitos que son equiparables, mensurables y lisos. El cuerpo se transformó en imagen que no produce encuentro, sino espectáculo simbólico de experiencias medibles y perceptibles en término de me gusta.

Por su parte, la voz, desde su aspereza y tono, viene de otra parte, de fuera, del otro, es un medio que inscribe en el yo lo totalmente desconocido, lo siniestro. En lo digital esta característica se está disolviendo. Como dice el filósofo, en la caja de la resonancia digital, en la que uno sobre todo se oye hablar a sí mismo, desaparece cada vez más la voz del otro, la escucha de la opinión ajena a lo que pensamos. Paradójicamente no escuchamos, sino escuchamos lo que queremos escuchar, y sobre todo, filtramos al que deseamos escuchar (eliminando al que nos parece un ruido, no una voz). Como resultado, cada vez oiremos menos voces, y en cambio se producirá más el ruido de lo igual, aquel que carece de misterio, enigma y distancia.

Ahora bien, Byung Chul Han también asevera que la mirada del otro funciona desde lo distinto ya que nos que inquieta, mueve, confronta, en fin, produce que consideremos al que tenemos enfrente. En lo digital el mundo es pobre de miradas, simplemente la plataforma online se presenta para agradar al usuario. Incluso, las personas que tenemos de amigos en Facebook representan a lo que queremos ver y a quienes queremos que nos miren. Y aunque es verdad que Internet funciona desde mecanismos de vigilancia que codifican nuestra actividad en huellas digitales, estos ya no funcionan desde la mirada, sino desde el registro no visual que generan los algoritmos. El panóptico digital es un instrumento no óptico, no necesita de los ojos de alguien, es un conjunto de algoritmos sin una perspectiva centralizada.

En fin, Windows es una ventana que evapora la mirada, la voz y el objeto. La comunicación digital propicia una comunicación expansiva y despersonalizada que no precisa de interlocutor, ni mirada, ni voz. En los medios sociales (como Facebook) esto tiene un resultado palpable: ya no se mencionan problemas que pudiéramos abordar y comentar en común. Desde esta lógica expuesta, lo que se emite es sobre todo información que no requiere discusión y que sólo sirve, en la mayoría de los casos, para que el remitente se promocione.

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