Terminator, Matrix y Black Mirror: la revolución de los robots

El algoritmo es la revolución robótica materializada

Para Amber Case, cíber-antropóloga, la revolución de los robots ya ha ocurrido, la vivimos todos los días, sólo que nuestros imaginarios violentos no nos permiten verla. Mejor dicho, ese miedo retratado en películas como Terminator o Matrix en donde los robots o cíborgs, debido a su independencia autocreada, atacan y se aprovechan de la especie humana para tomar el control ya está aconteciendo. Sólo que esta revolución no se parece mucho a la pensada por las distopías cinematográficas de carácter bélico. Se ha dado desde otro plano, esto es, bajo otra lógica de poder nada violenta o represora.

Byung Chul Han, filósofo, diría que estos robots o cíborgs obedecen a una lógica de poder neoliberal, más sutil e inteligente que la represora. Por ende, Terminator se ha transformado en el Algoritmo. Ha pasado de la visibilidad encarnada en la figura violenta, ruidosa y temible de Arnold Swacheneger a la invisibilidad de la operación y el cálculo matemático del EdgeRank (algoritmo de Facebook).

Como dice la antropóloga anteriormente citada: "los robots con cara humana son un detalle; los robots que verdaderamente importan son el script de Google para realizar búsquedas o el algoritmo de Facebook para conocernos y mostrarnos contenido discriminado”. Desde este punto, el poder opera desde la propia libertad del individuo. Los robots se aprovechan de nosotros tal como en la película de Matrix. Sólo que ahora no necesitan encerrarnos en una cápsula en contra de nuestra voluntad para conectarnos a una realidad ficticia, más bien operan dentro de los movimientos que hacemos (registrados con la tarjeta de crédito), los contenidos que colgamos en los medios sociales (Instagram y Facebook), entre otros.

La realidad ficticia de Matrix se vuelve real, o mejor dicho, una hiperrealidad sustentada en la conexión offline-online. De hecho, la serie Black Mirror ha sabido descifrar esto de forma precisa. Sus capítulos esbozan las consecuencias del poder desde la implicación de lo humano con lo digital. Por ejemplo, los episodios Arkangel (Capítulo 2, Temporada 4) y Caída en picada (Capítulo 1, Temporada 3), aunque parecieran radicalizaciones del mundo actual, de hecho muestran ciertas lógicas que están ocurriendo: en el primer caso, la serie nos muestra una de las grandes preocupaciones de los padres actuales: el control de la actividad digital de sus hijos. Aquí Internet, y sus algoritmos, son traducidos en enemigos constantes y omnipresentes que atacan el desarrollo óptimo de los infantes.

El segundo caso, por su parte, está mostrando algo de lo que ya somos parte: un mundo que se valora desde los alicientes digitales (likes, shares, match). Por algo ya existen influencers que cobran por like y número de seguidores y restaurantes deliciosos o lugares turístico atractivos a partir de su ranking en Trip Advisor. Un caso ejemplar es el planteado por el blogger Oobah Butler, en el que inventó un restaurante en siete meses que se consolidó como el mejor de la ciudad sin haber servido un sólo plato. Todo lo hizo con reseñas falsas justamente de Trip Advisor. Además, el experimento lo llevó a tal grado que hubo una noche en la que el patio de su casa se tradujo a un restaurante y dio comida prefabricada a los comensales, hecho que no fue detectado por ninguno debido al bagaje construido por el olor de Internet.

En ambos casos, el poder opera desde la libertad humana conectada a lo digital. La revolución ya ha sucedido, hay que darse cuenta. Todo este sistema de algoritmos no sólo controlan nuestra percepción como en el capítulo “Caída en Picada”, sino también producen ansiedades, miedos y seres preocupados por tener el control de lo que sus hijos ven (Arkangel). Cuestiones que son importantes de reconocer para plantear cómo queremos que esta revolución se desplace.

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